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Octubre es conocido por algunos como “el mes de la apreciación pastoral”. Hoy en día ser pastor es un ministerio que se ha desvirtuado. Cualquiera que dice sentir el llamado, con que se autoproclame pastor es suficiente para ser llamado como tal. Sin embargo, el ministerio pastoral no es elegido como los hombres eligen un oficio, basado en su preferencia o interés personal. Es algo que se acepta en obediencia a un llamamiento de Dios. El estar consciente de esto es imprescindible para calificarse para la obra.
Con toda honestidad, el ministerio no es para todos, debido a que no todos cumplen con los requisitos para el mismo. No debemos apresurarnos en designar para tal oficio a personas que no llenan todos los requisitos, pues, los resultados serán funestos. Numerosas iglesias han sido divididas y acabadas por hombres que no estaban dotados con las cualidades requeridas. Si Jesús es el dueño de la Iglesia, Él se encargará de dotarla con dones especiales, no debemos apresurarnos.
Siempre he tenido problemas con las celebraciones de apreciación pastoral, porque como pastor valoro pero no es mi fin el ser “apreciado”. Creo firmemente que más importante que la celebración de la apreciación pastoral es el:

“Animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis. El honrarnos los unos a los otros y edificarnos los unos a los a otros” 1 Tesalonicenses 5:11 (RVR 1960)

Las celebraciones son muy bonitas, pero solo durarán un tiempo. Día a día los pastores tienen que vivir con la situación de no ser suficientes para llenar las expectativas de los demás, llevando sus cargas y las de su feligresía. Llevando la carga del pecado de los demás, que a menudo miran hacia atrás y rechazan el camino de Dios. Como pastores no queremos ser "apreciados", sin temor a equivocarme, el regalo más grande que usted puede darle al pastor es su completa integración al servicio de la iglesia en espíritu, alma y cuerpo. Hay otras maneras para honrar verdaderamente al pastor: cúbralo en oración, comparta con él la alegría de dar, servir, testificar y amar a la comunidad.

El verdadero aprecio del pastor

El verdadero aprecio del pastor está en consolar, perdonar, vendar, ungir, liberar, retar, entusiasmar y anunciarle a la humanidad:

“que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” 2 Corintios 5:19 (RVR1960)

Quienes han sido llamados al ministerio, responden prioritariamente al Señor que los llamó, no pendientes a ser apreciados, ni mucho menos a disfrutar la gloria de los laureles.

Dr. Danny Santiago Presidente

Saludos, soy un creyente que amo a Dios y vivo apasionado por llevar el Evangelio a toda criatura. En el año 2004, mientras realizaba mi práctica ministerial Dios puso en mi corazón el anhelo ardiente de establecer un centro de capacitación ministerial, y en el año 2010 le dimos apertura. Como institución, estamos convencidos que cada uno de los estudiantes que llegan a nosotros, es por propósito de Dios con respecto a los planes que éste tiene para sus vidas, por eso en ECHAM: Educando Creyentes, Hacemos Ministros.